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lunes, 23 de mayo de 2022

TOP 10: JUGADORES QUE HAN SIDO TUZOS Y ZORROS

En Futbol sin Compromisos te presentamos la lista de diez de los más destacados jugadores que han vestido las playeras de ambos finalistas del Clausura 2022:
MIGUEL DE JESÚS FUENTES Este guardameta, olímpico en Barcelona 92, jugó con Atlas de 92-93 a 94-95. Inició como titular, pero luego acabó como suplente de Oswaldo Sánchez. Con Pachuca participó en la 96-97, alineó en la mayoría de los partidos, no obstante, el conjunto hidalguense descendió.
EFRAÍN “CUCHILLO” HERRERA El longevo lateral jugó con Atlas de 81-82 a 84-85. Después de pasar por América, Necaxa y Toluca, llegó a los Tuzos en 97-98, cuando buscaban regresar al máximo circuito. Fue campeón de ascenso esa temporada. Tras seis meses en primera y casi 40 años de edad, colgó los botines.
GERARDO MASCAREÑO Este veloz atacante, famoso por sus rocambolescos saques de banda, jugó con el Atlas entre 95-96 e Invierno 97. Tras un paso discreto por Chivas, llegó al Pachuca en el Invierno 98, justo cuando los hidalguenses acababan de regresar a primera. Fue campeón de liga en el Invierno 99, superando en la final al Cruz Azul.
DANIEL GUZMÁN El popular “Travieso” alineó con Atlas en la temporada 97-98, tras un buen año, en el que anotó varios goles, fue transferido al Pachuca, su último equipo como jugador activo, en el que ya no pudo destacar.
GABRIEL CABALLERO El gran ícono de los Tuzos llegó a México para el Santos en 95-96, luego emigró al Pachuca en el Invierno 98, siendo partícipe de dos títulos de liga: Invierno 99 e Invierno 2001. Estuvo prestado un año al Atlas: 2002-2003. Más tarde volvió a la capital hidalguense para conseguir otros tres títulos más: Apertura 2003, Clausura 2006 y Clausura 2007.
JARED BORGETTI El gran goleador mexicano, histórico del Santos Laguna, debutó con el Atlas en 93-94, participando con los Rojinegros tres temporadas y anotando 21 goles en total. Con Pachuca jugó sólo en el Clausura 2005, metió 8 goles. Dejó a los Tuzos para emigrar al futbol inglés.
FERNANDO “POLLO” SALAZAR Este duro defensa debutó con Atlas en el torneo del subcampeonato (Verano 99) y jugó con los Rojinegros hasta el Apertura 2004, luego emigró al Pachuca con el que permaneció hasta el Clausura 2008 y obtuvo dos títulos de liga: 2006 y 2007.
BRUNO MARIONI El goleador argentino, ex Pumas y Toluca, jugó con los Zorros en la temporada 2007-2008, teniendo una gran actuación en la Copa Libertadores. En el Apertura 2008 jugó para los Tuzos y un semestre después se enfundó nuevamente la playera rojinegra. Cerró su carrera con Tecos en el Apertura 2009. Anotó 32 goles para el Atlas y sólo 3 para Pachuca.
SERGIO SANTANA Este rápido extremo debutó con Pachuca en el Verano 2000 y fue campeón en 2001 y 2003. En 2006 emigró a Chivas y, tras pasar por Toluca y Monterrey, llegó al Atlas en el Clausura 2012. Con los hidalguenses anotó 50 goles, con los tapatíos 1.
ÓSCAR USTARI Este notable arquero argentino llegó a México para el Atlas y jugó con los rojinegros un par de años: 2016 y 2017. Tras dejar al equipo a causa de una grave lesión, volvió a México con los Tuzos para el Clausura 2020. Actualmente continúa como titular.

lunes, 10 de diciembre de 2012

El cóndor pasa

Non omnis moriar” 
Proverbio latino. 

Una de las cualidades que siempre me han llamado la atención del cóndor es, sin duda, la paciencia con la que sobrellevan su existencia. El período promedio de gestación es un huevo empollado cada dos años; su capacidad de reproducción no comienza sino hasta después de los 5 o 6 años; pueden esperar hasta 48 horas antes de acercarse a comer una presa –carroña- que ya tienen detectada de hace tiempo; además que sobreviven gracias a su capacidad de habitar en sitios inaccesibles para otros seres vivos. 

Su figura ha llegado a ser un símbolo de varios de los actuales países del sur del continente americano: podemos apreciarlo en los escudos de armas de Bolivia, Chile, Colombia y Ecuador. Es el ave no marina de mayor envergadura del planeta y, por si fuera poco, es venerado por prácticamente todas las culturas prehispánicas de Sudamérica, incluso es protagonista de un mito Inca muy interesante: cuando envejece y siente que sus fuerzas se acaban, el Cóndor vuela al pico más alto de las montañas, repliega sus alas y se deja caer en picada, terminando así con su vida y su reinado. En realidad es un deceso simbólico, puesto que esta muerte no es sino un renacimiento, un nuevo comienzo del ciclo; eventualmente volverá al nido, a las montañas; adquiriendo nueva vida, nuevas fuerzas. 

 ***** 

De hace tiempo he creído que la muerte no es el fin, al menos mientras haya alguien que en vida nos recuerde. Como dicen muchas corrientes espirituales y religiosas, el cuerpo no es sino algo pasajero. La verdadera importancia de vivir es saber hacer con esa única oportunidad algo grande, magnífico; que las obras, palabras y hechos sobrepasen nuestro tiempo y borren todo vestigio de cualquier lápida o tumba; que la voz y la acción concreta sean ejemplo para los que vengan después de que regresemos al polvo. 

Miguel Calero fue, para quienes lo vimos defendiendo la portería de Pachuca por 11 años, uno de esos jugadores que no llegan seguido a nuestro fútbol. Con sus actuaciones y con su comportamiento dentro y fuera de la cancha, no es nada raro el entender por qué se ganó el cariño de toda una afición, de todo un estado. Colombiano por nacimiento pero mexicano de corazón, el “Cóndor” llegó a Pachuca a dejar huella, a ganarse un sitio entre los inmortales de la historia tuza y a cosechar éxito tras éxito con los hidalguenses: 4 títulos de liga (Invierno 2001, Apertura 2003, Clausuras 2006 y 2007), Tres “Concachampions” (2002, 2007 y 2008) y 1 Copa Sudamericana (2007) avalan a Miguel como un héroe indiscutido del auto nombrado “equipo de México”. 

Recuerdos de él tengo varios: Un gol que metió de cabeza –con todo y gorra- en el Apertura 2002 a Jaguares, en un dramático tiro de esquina de último minuto, lo que le permitió a los Tuzos empatar a 3 ese duelo. También lo recuerdo atajando un penal a Landon Donovan en la final de la Superliga 2007, donde su sonrisa era la de todos los mexicanos, por haber vencido a la máxima figura rival. Alguna vez fue expulsado por cometer una mano fuera del área que desató polémica por varios días en los medios; lo tengo muy presente levantando la Copa Sudamericana –el máximo logro de un club mexicano en competencias internacionales, sin duda-; también peleando la defensa del arco colombiano con gente de la talla de Faryd Mondragón y Óscar Córdoba; así como con el semblante derruido tras su error en aquel gol de Pablo Barrera que privó a Pachuca de colocarse la sexta estrella en su escudo. 


Amado u odiado, alabado o criticado, Calero se erigió como una de esas figuras cuyos nombres serán escritos en los libros indestructibles e imborrables; se convirtió en uno de esos héroes sobre los cuales los abuelos cuentan a sus nietos en noches lluviosas. La muerte no es sino un paso más en ese círculo interminable -y jamás estático- que mueve al universo: el eterno retorno. Me duele por su familia, por sus hijos y su esposa, por sus amigos y por todos aquellos que gozaron y sufrieron con y por él.

Lo admito: nunca fue mi portero favorito; sus salidas temerarias muchas veces fueron costosas para su equipo, nunca me gustó su estilo de vencerse muy fácil y querer anticipar el movimiento del rival, además que en sus últimos torneos no jugó a su mejor nivel (en parte debido a aquella lesión que lo mantuvo alejado un buen rato de las canchas y terminaría por cobrarle con la vida); pero aún así las voces de quienes lo conocieron convergen en algo: Mucho mejor ser humano que portero. Es una lástima que la gente con ese corazón y ese espíritu se nos adelante, pero he ahí el aliciente para emular no sólo sus atajadas, sino sus obras. Como dice la letra de la canción: 

En la espalda del cóndor me senté 
 y a volar cada vez más alto el cielo alcanzar…”


Vuela alto y hasta siempre, Miguel.

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