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miércoles, 27 de marzo de 2013

Tres partidos, tres puntos, tres amargos sabores


Por: Christian Espinosa Fragoso


Con el rostro incrédulo y lleno de preocupación se fue la afición que acudió al Azteca tras el empate a cero de México frente al enemigo número uno de la zona, los Estados Unidos; cuestionamientos sobran, las rechiflas se escuchan, culpables abundan... no obstante, tras ver esta crisis de resultados del Tricolor puedo indicar que la selección azteca carece de ideas para atacar, carece de chispa y de fuerza mental para manejar la presión que significa jugar para una selección que tras resultados favorables quiere verse sólo en lo alto.

¿Por qué preocupa el TRI?

Más allá de amanecer quintos en la clasificación hexagonal de la CONCACAF, de los tres empates, de la paupérrima exhibición ante Jamaica, el agridulce sabor de perder la ventaja con los Hondureños y de no poder vencer a los estadounidenses en el pletórico Estadio Azteca, a este TRI, que no sólo es el del "Chepo" ni el de Justino ni el de Decio, a nuestro Tricolor le faltan ideas, le faltan argumentos para atacar e hilvanar jugadas de peligro, jugadas que terminen en un disparo a puerta o en su defecto que compliquen sustancialmente la zaga de los contrarios.

El empate de ayer hubiese tenido otra lectura si realmente México hubiese arrollado con situaciones de gol a los americanos, las opciones de peligro fueron generadas a cuenta gotas por la falta de precisión en los pases; si nos remontamos al partido vs Jamaica pasa lo mismo, toques inciertos, servicios a profundidad que o quedan cortos o se van largos. No hay sintonía entre el medio campo y el "Chicharito", pica a primer poste y le tiran la esférica a segundo, fueras de lugar constantes que reflejan lo falto que está el combinado mexicano de un entendimiento entre líneas.

Presumimos de tener un gran equipo, con jugadores europeos, de una fusión generacional única en la historia, y en efecto, contamos con jugadores probados y de muy buenas hechuras, no obstante, a mi juicio carecemos hoy día de un creativo que teja los hilos del partido, que orqueste los ataques, que le ponga ese toque brillante a la última jugada, si pensamos que Giovanni Dos Santos va a tomar esa responsabilidad estamos equivocados, el ahora jugador del Mallorca es un jugador desequilibrante que brilla por los costados, que encara, que por medio de su potencia de piernas y técnica individual genera peligro y profundidad, más no es el armador, ni el creativo que se requiere. Se dice en las críticas que al Chepo le faltan variantes, que fue muy timorato, pero por qué lo decimos, si durante toda su carrera ha estado más que amarrado con su estilo de juego; jamás cambia la línea de 4 y siempre usa a sus volantes como bujías de ataque, a sus dos contenciones para equilibrar y en la parte de arriba es donde alterna o dos delanteros nominales, o como es lo habitual en él: un media punta y un eje de ataque clavado. Le pedimos manzanas a un pino que no las da, que tiene su esquema bien estructurado y difícilmente se va a salir.

Tiempo, el mejor aliado.

Dentro de estos sinsabores que nos deja el representativo mexicano, la selección cuenta con el factor tiempo como aliado. La eliminatoria entra en un receso considerable, donde no sólo el Chepo -a quien lo responsabilizamos en mayor porcentaje- debe ser autocrítico; cuerpo técnico y jugadores deben trabajar y encontrar estrategias y movimientos de ataque mejor elaborados, porque parece que secan las ideas, y se nublan los conceptos. En la parte defensiva no creo que haya problema alguno, por el contrario, hay beneplácito al tener a dos guardametas confiables y centrales de gran categoría, una pequeña duda en la lateral derecha pero que no preocupa de más. Lo que sí es una realidad es que México no juega bien, no entrega bien la pelota, no luce, no inspira confianza, no genera expectativas constantes de gol y eso preocupa -en lo personal más que los tres raquíticos puntos que tiene en la bolsa al momento.

domingo, 24 de marzo de 2013

El origen de la rivalidad entre México y Estados unidos



La rivalidad entre ambas selecciones se considera hoy en día la más fuerte en el área de Concacaf,  ha superado al duelo entre mexicanos y costarricenses debido a varios factores; por un lado somos vecinos, pero principalmente gracias a que ambos combinados son los más desarrollados y con mayor calidad de los últimos tiempos. Sin embargo, pocos se acuerdan o saben cuándo y en dónde surgió esta rivalidad; así que el día de hoy lo recordamos en este espacio:

La Selección Mexicana antes de un partido contra
Cuba, 1934.
Tras el éxito del primer mundial, celebrado en Uruguay, la FIFA organizó la segunda Copa del Mundo en Italia en 1934, y por primera vez las selecciones interesadas en participar tuvieron que pasar por un sistema de eliminación para definir los 16 cupos disponibles (para el mundial de 1930 los países acudieron por invitación). La esperanza de que el combinado mexicano calificara era alta: dirigido por Rafael Garza Gutiérrez, “Récord”, no tuvo mayores problemas para golear a su similar de Cuba y enfilarse hacia la calificación. No obstante, un capricho de la FIFA hizo que el último partido eliminatorio -programado ante la selección de Estados Unidos- se jugara no en territorio americano, sino europeo: Con dicho encuentro se inauguraría el Estadio del Partido Nacional Fascista en Roma, y a su vez se definiría al último país que participaría en la II Copa del Mundo.

Tras quince días de traslados por tren y barco, la Selección arribó a Italia sin la condición física o mental ideales, habían tenido poco tiempo para mantenerse en forma durante el trayecto en el barco, y se dice también que la vida nocturna y las atracciones turísticas de la Ciudad Eterna “distraían” a varios de nuestros valientes (pero amateurs) jugadores. 

La selección estadounidense antes del partido ante
México en Roma, 1934.
El 24 de mayo de 1934 (3 días antes del inicio de la Copa) se jugó el partido definitivo. Las crónicas de la época relatan que el dominio estadounidense fue palpable de principio a fin. México se fue al frente al 23’ con anotación de Manuel Alonso; pero 5 minutos más tarde cayó el empate para las barras y las estrellas por conducto de Aldo Donelli (de hecho él marcaría los cuatro tantos, al 32’, 74’ y 87’). Los mexicanos terminaron por rendirse ante la explosividad ofensiva de sus vecinos y sólo pudieron anotar un gol más, obra de Dionisio Mejía al 75’. 4-2 fue el marcador final, por lo que el Tri se quedó sin lugar en la copa del mundo en las propias tierras mundialistas.

El problema no terminó ahí, pues los dirigentes de la FEMEXFUT (tan brillantes y visionarios como los de ahora) habían sacado los pasajes de regreso para varias semanas después, pues la derrota ante los gringos no estaba presupuestada ni en el peor escenario. Con muchos trabajos se consiguieron 4 partidos improvisados pero el dinero ya no alcanzaba; curiosamente, gracias a este hecho por primera vez “exportamos” jugadores al viejo continente: Carlos Laviada, Luis “Pirata” Fuente y Manuel Alonso aceptaron las ofertas de los clubes españoles Oviedo (Laviada) y Racing de Santander (“Pirata” y Alonso) y, con el dinero obtenido el resto de los seleccionados pudo por fin tomar el barco de regreso a sus añoradas tierras, aunque se toparon con el desencanto y el olvido de un país que les dio la espalda de manera unánime tras la derrota.

Carlos Laviada (izq), Luis de la Fuente (centro) y Manuel Alonso, pioneros
en emigrar al fútbol europeo, en una época en la que el fútbol mexicano
seguía siendo eminentemente amateur.

Esa fue la primera vez que ambas selecciones se enfrentaron, y desde ahí quedó marcada una rivalidad que perdura al día de hoy. Por cierto, tres días después la selección de Italia (a la postre campeona del certamen) arrolló 7-1 a los gabachos y los eliminó del certamen.

Fuentes: