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martes, 21 de mayo de 2013

El Forajido

Por: Antonio Tranquilino


El Forajido (Col. Villa Coapa, Delegación Coyoacán) 

Hola, mi nombre es el “pasa” y sí, vivo y soy oriundo de ese rumbo en particular, en donde el azul y el oro termina teñido de rojo en los barecitos enfrente de la Comer que está bajando el puente; sur, oriente y la división del norte se prolongan por mis venas, la barbacha del mercado, el puesto de "Ovaciones" en Acoxpa, las "muertortas", la tripa de Tenorios, la canchita de Vaqueritos... soy Águila, soy coapo, nací aquí, aquí me muero.

Y me dicen el “pasa” no por que parezca pasa, sino por que desde chiquito se me confundió por un pasado de verga en la cancha -la vida me llevó ahí- y cuando tus papás te echan el chorizo ese de que “la vida esta en tus estudios” -¡Cómo carajos va a ser esa mi vida si le dediqué tan poquito tiempo! ¿viejas? no tengo cara de pasa pero sí estoy re feo, mi tío Juve dice que "la del feo" de Rockdrigo me la escribieron a mí; pinche ruco, ni que estuviera tan carita el cabrón, además un compa le renta a mi tía un cuartito en la azotea, a ella y al de las copias de la clínica, al lado de los pollos; ¡Ah no! dos locales adelante. 

Todo empezó a los 6 años en la escuela, ya llevaba un par de años dizque jugando, pateando balones del número 3, mi jefe estaba muy emocionado por mí, quería que fuera el siguiente tocador de pelota, el siguiente 8, aunque él siempre fue fanático de Jasso, emblemático defensa de la época azulcrema que tuvo que soportar los estragos del “campeonisimo”; en fin, decidí salir jugando por la banda, recuerdo que por alguna razón el partido se jugó en las canchas de Banrural (ahí por donde estaba el Carrefour de Portales), venía exageradamente rápido, me había llevado a 3 niños de 9 que venían de escuelita privada y traían sus jerseys de Roberto Baggio que su papi les trajo del conocido viaje a Europa, ese que después de un par de meses te hace vender un coche.

Fue un quiebre a la Klinsman en contra de Colombia en 1990, como si estuviera quitándome las patadas brincando obstáculos, el Manríquez del número 4 tenia un chipotito y por alguna razón sentía que el chipotito me estaba casi amarrando a la pelota, esto me distrajo, empecé a no voltear a ver al frente, de pronto un golpe directo y a la cabeza con el codo del defensa me dejo en blanco, medio me levanté y todos -creo- estaban esperando mi llanto como el sonidito ese que viene antes de los casettes de Guerra de Galaxias (en donde dice THX); no lo hice, no lloré, me aguante, siguió el juego, el árbitro -un malcomido de closet- empezó a insultarme en voz baja “levántate pinche huevón, estás jodiendo el juego”.

El pase se filtra, corrí hacia el balón (unos años después mi tío juve me regaló un libro que se llamaba “el extranjero” en donde un guey de la nada entró en el mismo trance que yo), yo también miré al cielo, el sol me deslumbró, levanté los dos pies y los dejé caer muy adelante del balón, escuché un tronido, lo sentí en la suela del zapato, tibia y peroné. Ese gandallita no volvió a pisar una cancha con uniforme. 

El chillido que esperaban de mí le salió a él, ¡Cómo disfruté ese momento! observar el muñón y la cara de "ya valió madres" del papá, me expulsaron, se armó la golpiza y tuve que hacerme de un lugar en la fuente seca de División del norte y Brujas por unos años, llevándome con mis primos, acabándome sus traguitos de chela caliente para sentirme mas chingón. Dejé las fuerzas básicas por que no me querían ahí. 

Así llegué a los nueve años, en el terreno que usaban para circo que estaba enfrente de las puertas del club jugaba con mis primos, así que mis rivales me llevaban 4 o 5 años en el mejor de los casos y 19 en el peor. En un tiro de esquina -yo de pendejo- me aventé hacia el portero, caí y me zafé el hombro, esa fue la primera vez que vomité con licor, y la primera vez que entendí que el licor servía de algo. No se que hubiera pasado si mi jefa se entera y me lleva a la clínica, afortunadamente me lo acomodaron ahí mismo. 

El siguiente partido le dije a mi amigo Gil que me prestara sus spikes (él jugaba en la liga Olmeca) y lo convencí de que los pintáramos de negro. Llegué a jugar y en la primera jugada que tuve le llegué al tobillo a ese portero, lo fracturé y empezó a pegarme con sus puños, lo empecé a pisar con fuerza hasta que mi primo me detuvo, había mucha sangre. 

Esa noche mi primo llegó navajeado de la Culhuacán, había ido a madrearse para que no me dieran baje en la calle, salió bien. Cuando mi mamá se entero me puso una madriza de aquellas, me quedé a vivir con mi tío juve, mi papá no me quería ver. 

A los 12 empecé a trabajar en una tortillería (¡A la verga la escuela! leía muchos periódicos y sabía hacer cuentas. ¿Que?)

A los 14 llegó un entrenador de fuerzas básicas del "Ame" para hablar conmigo, me dijo que me tenía una chamba, ese guey y mi primo andaban moviendo anabólicos, en aquel tiempo sólo 2 jugadores de todo el plantel guardaban sus meados, y al club los árbitros les avisaban meses antes (Qué, ¿a poco sí creen que es tan fácil dejar incrustada la pelota en el bocinero del azteca de un despeje?)... en fin, desde el principio sabía que iba a ser como todo en mi vida: turbio, negro, culposo. 

-"Hay unos gemelitos que los andan perfilando para la selección quesque en unos años, van a jugar los dos muy cabrón y así, pero también hay otros que ya se peinaron con los meros dueños, ya sabes, ahijados, padrinos, pinches ricos... en fin, pagan y pagan muy bien, tengo $1000 si me echas la mano con estos, los papás no los quieren sacar, ya se habló con ellos de cómo va la cosa…" me dijo el entrenador. Era la primera vez que era solicitado por mis cualidades en el campo. 

Fracturar a alguien es como destapar una chela con el encendedor, el secreto es hacer palanca. Puedes ir a varias partes del pie, pero si no haces palanca, no pasa nada, te expulsan nada más. 

A los 26 me pagaban 2 mil a la semana para tronar banda; eran otros tiempos. Por primera vez iba a Cuautitlán Izcalli y me hacía pasar por necaxista; me mandaban al Irapuato y al Querétaro, regresaba al "Ame" y otra vez lo mismo, uno más queriendose pasar por progresista, no sobornando a los entrenadores y árbitros, otra carrera truncada bajo mis tachones.

Además de esos 2 mil me daban otros 2 a la quincena por ser defensa de 3ra escuadra. 

Tenia ahora 28, seguía pedo y soltero, ni siquiera me preocupaba por salir con alguien, ganaba solo 2 mil pesos más. Fui a comer a casa de mi papá un sábado en la tarde, estaba muy enojado con el club, me repetía miles de veces por qué había hecho todo mal, por que había nunca sido titular, por que nunca fui compañerista... a las 8 de la mañana -y después de varios Bacardí añejos- nos agarramos a golpes, lo dejé en el suelo escupiendo sangre, probablemente después de perder un par de dientes. Salí corriendo, esa fue la última vez que lo vi.

Esa mañana hubo entrenamiento de 12, había acabado el campeonato y el cuerpo técnico quería sacrificarnos. Ese día, ebrio, fracturé a tres defensas, llegué a la oficina del director deportivo (con una entereza que hasta la fecha no me explico), le dije todo lo que sabía acerca del club, cuerpo técnico y sobre todo personal médico. 

Me hicieron titular la siguiente temporada. 

Había cumplido un sueño sin aún entender por qué, no se me había dado la lección de mis pecados, mi padre trató de hablar varias veces conmigo pero no le contesté, prefería salir a la calle, encender mi Corvette y atravesar la glorieta una y otra vez con chavitas de prepa, un poquito de "Fifí y una botella de Jimador. Era imposible, era imparable. 

Me dejaron de decir “el pasa” por que si una ventaja tienen los comentaristas deportivos es que no te conocen desde chavitos. Me presentaron a la voz del Azteca, a Gregorio de la unidad 2, todos esos pequeños personajes del balompie coapense, estadios atascados, y el domingo por la noche llaves, llaves y mas llaves, mujeres buscando productores de televisión y horas felices en el Bar Bar. Los buenos tiempos.

Para tu DT , ser un buen central es saber detener cabrones, eran muchos 4 -4-3 pero nunca un 5-0-5, yo no distribuía balones, los arrancaba del pie. Me expulsaban, me suspendían, un gol menos que protegía era más dinero para ellos. Bebía, inhalaba, salía a jugar, a embestir, a matar.

Llegamos a la final, todos los días veía a mi ottorrino, nebulizaciones especiales para evitar goteos de sangre en los entrenamientos, empezaba a orinar marrón y aun así nunca olvidaba mi pachita, es cierto eso de que no recuerdo como llegué pero era el Azteca: estaba lleno, 12 pm, domingo, no soy titular por acumulación de tarjetas pero estoy en la vista del técnico, en mi pepsilindro micha de Bombay Sapphire, micha de Gatorade y un chingo de chicles. Si crudeo va a ser peor. 

Cada grito en el estadio era una navaja, escuchaba los pasos de los gemelitos, del defensa en las canchas del Banrural en cafetales, ¿que harán? ¿podrán siquiera vivir una vida digna sabiendo que tienen que lidiar con dolores crónicos desde los 9? se muy bien que uno de los gemelos perdió 2 dedos del pié por un problema de irrigación (su sangre era muy rara). La última vez que me lo topé no me reconoció pero tengo que decir que en un lugar como Perisur nunca habia visto a un marido pegarle tan fuerte a su mujer enfrente de sus hijos, enfrente de todos; estaba destrozado, no se acercaba al niño que había visto llegar de la mano de su padre amoroso, con su frutsi congelado, y su mami cortando naranjas, seguro esas naranjas estaban deliciosas... ¿Cómo estará mi papá? ¿Cómo estará mi mamá? Vivo a 5 cuadras y siempre los evito, ahora que acabe el torneo y ya me den mi contrato bien me voy a mudar de casa. 

Suena el silbato, fin del partido. Tiempos extras según reglamento, acaba mi suspensión, me mandan a la cancha mas después del movimiento del contrario -un medio por un delantero- ahora hay 2 centrales en la cancha. 

Mi padre me está viendo y apenas me puedo poner de pié. Mi cabeza. No puedo, estoy a punto de desmayarme cuando despierto, arrebato limpiamente, salgo jugando por una banda hasta llegar a la media, cambio de lado haciendo paredes a lo bestia, hasta quedar frente a un lateral; estoy del otro lado, me lo llevo por el extremo del costado, siempre dentro de  la cancha, el silencio me hace escuchar las groserias de todos mis compañeros, “pásala pasa”, aunque en la tele el Perro me decía “Gavilán del monte”. 

El ultimo defensa, es la misma jugada: este balón es mi padre, estas piernas su verdugo, pateé lo mas fuerte y le pego en el rostro al defensa, la pelota quedo en el aire. Salida falsa del portero, arrebaté el balón, a punto de salirse de la cancha, sin ángulo, sin portero, sin piedad, hice una pequeña palanca con él. Caí, se escuchó esa penetrante rrrrr cuando el polietileno y cáñamo de la red roza y frena el balón en sus fauces. 

Me levanto, corro hacia una de las salidas de automóvil, no regreso, sentía tras de mí la gloria inmerecida de una vida de errores; corrí, corrí hasta que no pude, le pedí al valet las llaves en la parte de atrás, me abrazó, lo empujé contra el piso y lo empecé a golpear ahí, no hizo nada, una vez indefenso fui al casillero de llaves y las quité, entré al coche y después de usar mi uña como contenedor de cocaína arranqué: no recuerdo cómo, pero abandonando el coloso, minutos por jugar aún llegué a Periférico; no hay un solo coche en la calle, todos están estacionados, ultimo balón dividido, los comentaristas del radio preguntándose por mí, no dejo de escuchar a uno de los gemelos usando ese bastón antes de los 30 golpeando a su esposa enfrente de todos, salgo en la lateral por el camellón, y mi primo nunca quedó bien de los navajazos, 100, 130, como se me antojan esas naranjas partidas de la mamá de los gemelos, 150, paso cardiología, 170, el muro de contención del IFE, aquí mero. 

Las bolsas de aire no sirven del todo, siento como de un momento a otro la parte de arriba del volante rompe mi traquea y el motor entra por mi espalda, frío, calor, frío, inconciencia, ahora la suela de mi zapato con mi pie adentro desorbita mi ojo, pierdo el conocimiento…

2 días después despierto en Medica Sur. La enfermera me saluda, "-Bienvenido a la vida." No veo nada, sólo muevo el cuello y los brazos. Y curiosamente, después de  un minuto de buscarme la pierna izquierda y no encontrarla, sonrío, perdí con mi pierna los fantasmas de mi vida. 

El directivo que llegó a verme del América me pidió firmar unos papeles, me dijo que el seguro cubriría los gastos, compraría una silla de ruedas de buena calidad, las rampas para mi departamento y 100 mil pesos que usé para poner mis abarrotes allá en San Tomás, a unas cuadras de la puerta 4 en un diminuto pasillito donde puse un catre y una tele, con una videograbadora y varios videos de mi única temporada titular compilados por Gregorio, que siempre viene aunque sea un ratito a ver como estoy. La gente ya no me reconoce, perdí un ojo. Se que mi padre murió y a mi madre le dejé el depa, las llaves se las dio mi primo. Pasan los años y sigo viendo esa estrella en el escudo, todo lo que no pude ser se concretó en un injusto momento en el que ya no pude. Soy feliz por que puedo dormir bien y recuerdo (o trato de hacerlo) el momento en el que la vida me puso en este carril, como ese libro del extranjero que me regaló mi tio Juve. Merezco lo que tengo por que en el balón está mi vida, y se las he arrebatado a muchos. 

lunes, 4 de marzo de 2013

Desde la banca

Por: Antonio Tranquilino

El día que los bullys se callaron.

Siempre pensé que había llegado al lugar equivocado cuando recuerdo el colegio en el que pasé mi infancia y adolescencia; era un lugar turbio, que silenciosamente se llenaba de gente con poder adquisitivo que tenía -directa o indirectamente- la orden de disminuir sus valores. 

Mis primeros años los viví escondido en la biblioteca, quizás el único lugar de la escuela en donde sabría que los problemas del recreo no se acercarían. Mi padre me llevo a clases de fútbol pero no duré mucho, era gordo y no podía competir con los que iban cuatro o cinco veces a la semana, hubo un momento en el que no pude más y me salí después de un balonazo en la cara, a mi apreciación adrede.

Inmediatamente después de esto vinieron las clases de batería, piano, composición, laudería, conjuntos vocales, contrapunto, trompeta, violín, armónica y otras que se fueron añadiendo en el transcurso de bohemias noches; y aunque siempre quise jugar bien al futbol, nunca pude. 

Llegó secundaria, la agresividad de mis bullys se había convertido en feromonas y ahora se iban atrás del auditorio o a las gradas del campo a fajar o darse unos acás con las morritas, mientras yo, al lado de mi inseparable pandilla veíamos todo desde lejos, era bueno no saberse acosado. Pero así como el apartheid y el sur de Estados Unidos antes de King, éramos iguales pero no tan iguales a ellos, ya no nos pegaban, pero si se burlaban de nosotros y obvio, no jugábamos futbol. 

Mi mejor amigo Ricardo, Omar y yo jugábamos pensando en las proezas, las hazañas; no había ni Fox Sports ni ESPN, lo único que podías conseguir era la antena parabólica, en donde todo era NFL, NHL, NASCAR y demás siglas ajenas a la FIFA, UEFA Y CONCACAF; así que muchas de las jugadas que platicábamos en clase eran nuestras propias jugadas, las que hacíamos en el frontón, en las pequeñas porterías de los costados del campo, en el “chiquero” (un espacio de 6x3 de pura tierra con un árbol como portería)... nuestras jugadas quedaban en sueños. Omar siempre se metía en problemas, digamos que a pesar de su excelente bondad como persona, en la cancha seguía la filosofía de Don Isaac Terrazas (“la bola o el jugador", los dos nunca); Ricardo era un excelente atleta, pero nunca se llevó con los fresitas, siempre le cayeron mal, por sus gustos musicales sobre todo; escuchar canciones de Mónica Naranjo en el Alebrije o el Kokopelli no era algo que pudiera ganarle a jugar Winning Eleven después de jugar una cáscara de 3 horas en casa de Luciano, otro excelente atleta que no aguantaba a los fresas que hacían los equipos y prefería junto con nosotros echar el palomazo, los tiros y las partidas de Nintendo 64. 

Estábamos los demás, los que no sabíamos nada pero queríamos mostrarnos. En la clase de deportes para hacer los equipos del torneo de verano fuimos excluidos, esta vez éramos casi 22, sin contar a Luciano, Ricardo y Omar quienes ya estaban siendo fichados a cambio de lo que se utilizaba en aquellos años para fichar a un jugador: tortas, chipotles Barcel -los chipotles Barcel costaban 50 centavos, lo que lo hacían algo posible de comprar todos los días-, tarjetas de Playboy, los cigarros no entraban aún, los que fumaban no jugaban.

Y me quejé, ante ese hijo de puta llamado profesor de deportes quien 7 años antes y yo teniendo 7 años me dijo “no sirves, mejor vete” y que me hizo llorar por una semana después de las pruebas de los entrenamientos de la escuela. Éramos 2 equipos completos que teníamos el derecho de pagar nuestra cuota y ponernos nuestra casaca Galgo fluorescente, perder por golizas sin ser molestados, saber que lo dejamos todo en la grama. 

Fui con el director, en el recreo Ricardo me dijo “ya mande a la verga a esos pendejos”. Luciano acababa de pelearse con uno de aquellos y estaba igual, después llegó Santiago, el Carmona; el profesor de deportes se tuvo que tragar sus palabras. Todos se morían de risa, el primer equipo de los torneos que no representaba a ningún grupo escolar en especifico había nacido. La Real Sociedad Independiente. Diseñamos playeras, al final el maestro se hizo de la vista gorda y nos puso 2ndo naik. Todos se reían, y más se rieron en nuestros partidos, perdimos 6-0 contra 2ndo G , 8-0 contra 3ro B, 7-0 contra 2ndo B. Era frustrante, el Aramburu, un aguerrido defensa y Omar terminaron varías veces a golpes, derrotados.

Un día, 3 jugadores claves del 2ndo G. (de esos pinches malandros que sacan 10 en todo pero que los vuelves a ver hoy en día y están dados al catre) tuvieron que salir de la escuela para una prueba de inglés, a base de pases filtrados y jugadas de primer toque con la fuerza y puntería de nuestra delantera anotamos 3 y nos anotaron 2, ese día me cambiaron a la delantera, el segundo gol de ellos había sido un autogol mío, creían que era mejor ponerme en un lugar en donde mis errores no costaran tanto. Fue un lunes, por que en el último despeje mi zapato se despegó de la suela y tuve que caminar sin ella todo el día, acompañado de mi mejor amiga, quien nunca me vio jugar por que era alérgica al pasto.

Ganamos todo el resto de la temporada regular, jugamos repechaje con los mejores de primero, ganamos, ellos jugaron la final contra el mejor 6to de primaria y perdieron, ese equipo tenía muchas expectativas pero no pudo. Después un tercero -3ro B me parece-, partido en la mañana, jueves, despejado, de esos días post lluvia de los que se expresaba Velasco en sus pinturas que hoy en día ya no existen, un sol quemante sobre el césped, en una jugada de tiro de esquina, todos adentro, Ricardo saca con los puños pero la pelota queda maltrecha en el piso, detenida por un charco le doy un golpecito, acomodo mi cuerpo más adelante, reviento con todas mis fuerzas, el Manuel (que entro de último fichaje) se lleva al portero con facilidad, gol, se acaba el partido, estamos dentro de los mejores 4, no teníamos plan para el viernes, no teníamos novias, no teníamos los últimos Air Jordan ni los tiempo 2000, nuestros papás nos hacían trabajarle para sacar para los domingos y con tanto fervor nuestras calificaciones eran malísimas, pero ese equipo hecho de los que nunca iban a jugar por malos, gordos y enquencles ñoños estaba dentro de los mejores 4 de toda la secundaria.

José María Velasco, "Valle de México", 1877
Óleo sobre tela. 160 × 229 cm., Museo Nacional de Arte, México.

Semifinales: 2ndo B.

Ese día mi padre con poco gusto iba a recibir mi boleta, 6 materias reprobadas -4 de ellas con menos de 3 de calificación-, ¡Que horrible sensación! a sacarlo todo en la cancha, recuerdo que el partido lo hicieron Omar y Santiago, quienes habían estado desde el principio. Esta vez mi mejor amiga se fue por un atajo evitando cualquier pedazo de pasto que le causara alergia. 2 a 2, penales.

Sabía que todo esto había sido mi idea, pero por lo mismo, sabía que no debía tirar, Ricardo para la última, Santiago tira fuerte, raso, colocado... Estamos en la final. Santiago se abalanzó sobre mí y me sangró mucho la nariz, hasta mi mejor amiga se metió al festejo aunque después perdí mi clase por llevarla a la enfermería para que le dieran un anti estamínico. Me compró unas Ruffles de queso saliendo.

La final: 2ndo G ( el derby del salón).

Casi todos del mismo salón: 2ndo naik vs, 2ndo G, todos en silencio. El primer tiempo en el recreo del lunes, el segundo el martes. El primer día, uno de los nuestros que venía de primero fue expulsado de la escuela, de la misma forma otro de los que nos apoyaba en la delantera fue llamado a jugar contra nosotros, no había cambio, anotamos primero; empataron y así nos fuimos al segundo tiempo. En el segundo tiempo un gol tempranero nos ponía en desventaja, luego un error en la defensa y cayó el tercero, justo cuando estábamos a punto de deseperarnos entre nosotros salio el balón por el costado, se suponía que yo debería de hacer bulto y nada más, pero empecé con todo y nervios a llevarme el balón, me lleve a tres defensas y quedé a 25-30 grados del ángulo del portero, quien se venció, el disparo salió y la pelota rodó en el aire como si una imaginaria manguera de bomberos la dirigiera hacia el ángulo contrario, desprovisto de enemigos, solo éramos yo, el efecto Coriolis que me preguntaron en el examen de geo que reprobé, la ley de Newton que nunca me aprendí, y el sueño, ese sueño con el que jugaba en la alfombra de la sala de mi casa… Pero rozó, se salió, botó y cayó hacia la alberca que se encontraba abajo, bajé las escaleras con unos tacos le coq sportif que me había prestado mi papá, estaba a punto de sonar la campana, tomé con rapidez la red y saqué la pelota, la avente y subí corriendo, apenas viendo a mis compañeros sonó la campana y el silbatazo final estaba consumado, perdimos.

Había quedado de ayudarle a Dulce Carolina, mi mejor amiga, para que estudiara historia conmigo esa tarde. Poco a poco sus bromas y su arte para decir cosas chistosas sin sentido (algo que he aprendido a perfeccionar con el paso del tiempo), escuchamos a Blur, a los Mosh, a los Beastie y su canción “time for livin”; y no hablamos del tema. El siguiente lunes, enfrente de toda la escuela, recibimos nuestro trofeo, hubo exámenes, salí rápido y de mi mochila saque un balón penalty de la Copa America de Bolivia 97 que me había robado de la dirección. Los de 2ndo g se acercaron, querían hacer la reta, no los dejamos. En cambio Neris, ñoños, feos y gordos jugamos toda la hora restante. Recordamos jugadas y comimos una torta de col con queso y una mini rebanada de jamón. La sonrisa era de plata, nuestros corazones de oro.

Muchos años han pasado, Dulce Carolina se fue antes de tiempo (pero se que desde arriba me ve y me cuida), mi pandilla sigue siendo mi pandilla, algunos se han ido y regresado, pero siempre que nos vemos el tiempo se detiene. Voy a tocar en el mismo festival que Blur y mi equipo ahora tiene una estrella (cuando entonces solo veía puntos porcentuales del descenso). Podré cambiar, seguir y transformarme, pero siempre que me encuentro a punto de hacer algo importante, me acuerdo de aquello: impalpable, intangible, la basurita en ojo, la razón por la que nadie se convierte en alguien, el esfuerzo, sacrificio y camaradería de la Real Sociedad Independiente o 2ndo Naik. Siempre recordaré el sudor y la sangre, por que como diría el más grande de los caudillos: Prefiero morir de pie, que vivir de rodillas.

¡Qué afortunado me siento con la vida de poder recordar esto!

Excelente día a todos, puño en alto, consciencia tranquila.

Antonio Tranquilino

sábado, 29 de septiembre de 2012

¿Y dónde están mis comerciales?

Por: Antonio Tranquilino.

-Mmmm… -vuelvo a preguntarme qué estoy pagando cuando compro ese hermoso jersey del Santos. Su escudo simboliza que el 23 de octubre de 1940 en Tres Coraçoes, provincia de Minas Gerais nació el mejor de los mejores. ¿Y qué demonios significan esas letrotas de BMG? ¡Ah sí! como cuando Ayrton Senna era acompañado por su cachucha de Nacional; el subcampeón del mundo -a nivel de clubes- está patrocinado por un banco. 

-Señor, me podría mostrar la de Brasil? bien, una camisa sin comerciales... no quiero dudar pero, si no hay una empresa que ponga todo lujo y comodidad al jugador, ¿Quién quiere jugar por ella? ¡Uff! que perturbador pensamiento, “nada de esto hubiese pasado si Camerún le hubiera ganado a Inglaterra en Italia 90”, comento en voz alta como para alejar a cualquier dama que hubiera sentido atracción y no me conoce. Salgo de la tienda con las manos vacías; me compro unas guayaberas enfrente.

La Olimpiada y la Euro demostraron que en el público aún existe un anhelo, un anhelo que a su vez se convierte en la piedra del zapato de los plutócratas dueños de clubes, consultores de imagen y “mercadólogos” (o mas bien dicho: sociólogos fascistas que se leen a Wilhem Reich como si fuera el “arte de la guerra”), esa clase de personas que se preocupan más por “cuantas entrevistas vende” que por “cuantas horas entrenó.” David Beckham es la viva imagen de esto que les platico, amigas y amigos. 

¿Será posible que los eventos internacionales con estrictos protocolos comerciales desenmascaren el nivel astral de una Champions, que hagan ver las individualidades como simples trucos? Platini propone eliminatoria equitativa y así, equipos como el Trabzanspor  o el PAOK tendrán posibilidades de dejar fuera al Madrid por un descuido del nivel de juego en instancias más tempranas que el play off. Obvio, mucho dinero se deja de ganar dentro de ese grupo de pocas manos/mucho poder. 

Roger Milla.
Es mas fácil vender 1000 playeras de Messi que 10 de Camerún, y mi mente regresa a aquel partido. La primera vez que en una instancia de cuartos de final un equipo que costaba medio sueldo de un  delantero del contrincante (sin tomar en cuenta a Corea del Norte en 66, quien llego bajo criterio de “Round robin” y no eliminación directa); ese Camerún que un partido antes había eliminado a Colombia -quienes casi eran el Nacional de Medellín; campeón de la Libertadores e  Intercontinental-; y como olvidar la primera aparición de François Omam-Biyik, haciendo un gol decisivo contra la Argentina que se había hecho campeona 4 años antes en un estadio que en un futuro iba a ser la casa del Camerunés: el Estadio Azteca.

Era el final de un tiempo en la historia, algunos dicen que la guerra fría resolvió a favor de Occidente cuando Marco Van Basten anotó esa gema contra la URSS en la Euro 88 de Munich. El momento en el que el jugador capitalista supero al comunista y el honor empezó a tener un precio mas accesible en el desarrollo de los torneos. Lev Yashin fue considerado durante 20 años el mejor portero de todos los tiempos, su salario era un poquito mejor que el de un burócrata soviético  de mediano rango. Imaginen los sueldos y patrocinios de Iker Casillas y Oliver Kahn juntos de los 90 a los 2000, eso es algo que el mejor portero de 2 décadas atrás ni se imaginaba. 

Yugoslavia y Checoslovaquia en el borde de la extinción jugaban con sus estrellas de equipos italianos (como Skuravy) y fueron eliminados de la justa; lo de la URSS fue muy triste, sabiéndose subcampeones europeos, terminaron en penúltimo lugar... el último (¡ja!) curiosamente los  E.E.U.U. 

Solo quedaba Camerún… acompañados por Ingleses, Alemanes, Holandeses, Argentinos e Italianos; En la mañana los balcánicos quedaron despachados por un extraordinario partido del modelo/portero Sergio Goicochea, solo quedaba el partido de la tarde: millones de libras contra quizás miles de Francos CFA, casi todos jugaban en liga local, era el último bastión de amor al deporte puro, sin cheques ni premios. El capital había triunfado, occidente había triunfado y todos los deportistas amateurs de la cortina de acero eran recibidos con algo mas que solo fútbol. Y ahí estaban esos leones, acompañados por los clásicos: "¿quienes son? ¿cómo se llaman?" No había postura política, había pobreza, hambre y devaluación por albergar a cuantos refugiados vecinos se pudiera; no era soviético ni capitalista, sólo era un pequeño país africano. 

Primer gol de Inglaterra, David Platt ante un descuido de la defensiva; mientras que Kúnde fue encargado de anotar la pena máxima en la que Edgardo Codesal (el arbitro menos vergonzoso de los noventa), Roger Milla (el jugador mas veterano de la historia de los mundiales) y Paul Gascoine (el británico mas ebrio de todos los tiempos) jugaron al momentáneo empate.    

64 minutos habían pasado para que por primera vez un equipo africano fuera sobre Inglaterra en una instancia de cuartos de final; Eugene Ekeke imaginó por un momento estar con la buhardilla en las afueras de Yaoundé y atacó por el centro dejando en el suelo a Platt y Peter Shilton. Y si los partidos en aquel entonces duraran 64 minutos, un equipo que hubiera valido 10 veces menos de lo que valía el contrincante hubiera pasado a las semifinales y así, a pesar de intentos Perestroikos y MC Donaldistas de occidente, la guerra fría en el deporte no la hubiera ganado ni oriente ni occidente, la hubiera ganado el fútbol, ése que se juega con la torcida del barrio, ese que sólo pide una lata de cerveza vacía para convertirse en un balón. 

Pero un error del defensa hacía casi irremediable la pena máxima a favor de Lineker, minuto 82. -Esto se resolverá en tiempo extra. 

Pocas jugadas después, en una típica salida inglesa, Gazza mandó un pase de segunda intención y el defensivo que llevaba cubriendo a Lineker todo el tiempo trató de perseguirlo por el trazo de la corrida del inglés, pero al momento del quiebre sobreviene lo inevitable: dentro del área, los pies del camerunés tropiezan con los del campeón de goleo 4 años antes... La defensiva falló, no se supo actuar bajo presión, occidente y sus millones de promesas por cumplir habían derrocado a la madre tierra en la guerra fría. 

Y en un Mundial (no olimpiada) no volveremos a ver a un equipo así, y si lo vemos es por poco tiempo por que -según dicta la tradición europea-, tenemos que agotar los recursos de África a como de lugar, mientras esos bancos que salen anunciándose en las playeras ahorcan las economías de tercer mundo. Al propietario del club europeo sólo le cuesta medio boleto de avión traerlos; a veces es tan precaria la situación del país que los clubes abusan de esa misma pobreza: ayudan a los familiares del jugador, crean una fundación, lo deducen de impuestos y tienen a “pan y agua “ a un ariete que se siente “viviendo el sueño” ; si funciona empiezan las renegociaciones; si no, es un migrante más a la deriva de un sistema económico decadente y pusilánime que deja a sus juventudes en la calle y no para de agotar sus recursos; una Europa sólo aspiracional, una muy novedosa y poco equitativa forma de mantener continuidad en el imperialismo que los hizo tan grandes hace muchísimos años. 

Y así como los bancos y los gobiernos hacen de estos sistemas establecidos un desastre, las grandes directivas de los clubes especulan todo el tiempo, juegan hacia atrás, celebran los penaltis como si se tratase de un gol, todo a favor de un peor futbol, un sistema de estrellas que parecen músicos virtuosistas sacados de los 80 pero que no pueden resolver un partido, y finalmente una desmedida diferencia entre lo que gana un '10' y un paramédico. 

Me rehúso comprar una camisa que diga Bwin, Gazprom o AON; mucho menos si tiene la publicidad de un banco o una trasnacional monsántica que solo se va a preocupar por resultados. Pero el final me resulta curioso también: Messi no va a poder dormir tranquilo hasta que no juegue los 7 partidos de mundial con la Albiceleste, lo mismo Balotelli (aunque le  tengo que aplaudir su forma “high energy chaka trance” de ser el Muhammad Alí Italiano desde la última Euro); ahora con los “recortes” del “primer mundo” pocos son los fans que quieren ver un anuncio de la institución bancaria que les va a quitar la casa y que ya les quitó el buen fútbol; sí, ese buen fútbol que aplaude las hazañas, no el resultado; ese que juega a ser feliz, no a vender más.

Y me pregunto… ¿Qué hubiera pasado si hubiese ganado Camerún?



P.D Agradezco la labor de Bielsa y Simeone al frente de sus equipos, asi como al Swansea y un cada vez más nutrido grupo de equipos emergentes que quieren rescatar el espectaculo no basados en el tamaño de su cartera; en selecciones como Ghana y ¿por qué no decirlo? Al Tri Olimpico. 

Abrazos apretados.