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miércoles, 11 de junio de 2014

CUANDO MÉXICO JUGÓ CON PLAYERA PRESTADA




El mundial de Brasil 50 fue, desde un principio, desastroso. La planeación no fue la adecuada, pues el equipo se reunió sólo quince días antes de empezar la Copa del Mundo. El director técnico, Octavio Vial, retirado de las canchas apenas un año antes, carecía de la experiencia necesaria para manejar una selección nacional y, varios de los jugadores más destacados de aquellos años como Luis “Pirata” Fuente y Adalberto “Dumbo” López, habían quedado fuera de la convocatoria, tanto por actos de indisciplina como por razones inexplicables.

 Es conocida la desgracia que resultó el primer partido, enfrentando a Brasil en el Maracaná, ante 200 mil personas. Aún así, el 4-0 salió barato, pues “La Tota” Carbajal (quien apenas debutaba en canchas mundialistas), tuvo una actuación memorable que la prensa brasileña destacó.

En el siguiente partido, contra Yugoslavia, tampoco mejoraron las cosas, y los balcánicos arrollaron a los nacionales, derrotándolos 4-1, siendo la única anotación mexicana marcada por Héctor Ortiz.

Ya eliminados, “los guindas” (de ese color era entonces la playera nacional), enfrentarían en su tercer juego a Suiza, que también estaba ya fuera del torneo. Se esperaba un mejor resultado para los mexicanos, sin embargo, al momento de aparecer ambas escuadras en el campo, el árbitro se dio cuenta que los uniformes de ambas escuadras eran prácticamente idénticos, por lo que uno de los contendientes tendría que cambiarse.

Lo malo es que helvéticos y aztecas sólo llevaban un uniforme. Al final de cuentas se decidió que uno de los dos debía jugar con la casaca del equipo local, el Gremio de Porto Alegre y, para dirimir cuál tendría que jugar con uniforme prestado, se recurrió al tradicional “volado”.

Tras el lanzamiento de la moneda, México resultó victorioso, con lo que se ganó el derecho de mantener sus colores, pero, ¡oh, sorpresa! la cortesía mexicana se hizo presente y la selección nacional decidió cederle el honor a Suiza.


Así, los nacionales empezaron perdiendo antes de iniciar el encuentro y, desmoralizados, sumaron su tercera derrota en el mundial, en esta ocasión, por lo menos, no fue tan escandalosa, 2-1.

Aquí las alineaciones del partido en que la selección jugó con playera prestada:

MÉXICO:
Antonio “Tota” Carbajal; Manuel “Bruja” Gutiérrez, Gregorio “Tepa” Gómez y José Antonio Roca; Héctor Ortiz y Samuel “Chapela” Cuburu; José “Chepe” Naranjo, Antonio “Niño” Flores, José Luis Borbolla (primer mexicano en jugar para el Real Madrid), Guadalupe Velázquez y Horacio Casarín.

SUIZA:
Hug; Neury y Boquet; Lusenti, Eggliman y Kerner; Tamini, Bader, Fatton, Antenen y Friedlaenden.


Cabe señalar que los goles suizos los anotaron Bader (‘27) y Fattton (‘71), mientras que la anotación mexicana la marcó el legendario Horacio Casarín (‘75).

lunes, 4 de marzo de 2013

Desde la banca

Por: Antonio Tranquilino

El día que los bullys se callaron.

Siempre pensé que había llegado al lugar equivocado cuando recuerdo el colegio en el que pasé mi infancia y adolescencia; era un lugar turbio, que silenciosamente se llenaba de gente con poder adquisitivo que tenía -directa o indirectamente- la orden de disminuir sus valores. 

Mis primeros años los viví escondido en la biblioteca, quizás el único lugar de la escuela en donde sabría que los problemas del recreo no se acercarían. Mi padre me llevo a clases de fútbol pero no duré mucho, era gordo y no podía competir con los que iban cuatro o cinco veces a la semana, hubo un momento en el que no pude más y me salí después de un balonazo en la cara, a mi apreciación adrede.

Inmediatamente después de esto vinieron las clases de batería, piano, composición, laudería, conjuntos vocales, contrapunto, trompeta, violín, armónica y otras que se fueron añadiendo en el transcurso de bohemias noches; y aunque siempre quise jugar bien al futbol, nunca pude. 

Llegó secundaria, la agresividad de mis bullys se había convertido en feromonas y ahora se iban atrás del auditorio o a las gradas del campo a fajar o darse unos acás con las morritas, mientras yo, al lado de mi inseparable pandilla veíamos todo desde lejos, era bueno no saberse acosado. Pero así como el apartheid y el sur de Estados Unidos antes de King, éramos iguales pero no tan iguales a ellos, ya no nos pegaban, pero si se burlaban de nosotros y obvio, no jugábamos futbol. 

Mi mejor amigo Ricardo, Omar y yo jugábamos pensando en las proezas, las hazañas; no había ni Fox Sports ni ESPN, lo único que podías conseguir era la antena parabólica, en donde todo era NFL, NHL, NASCAR y demás siglas ajenas a la FIFA, UEFA Y CONCACAF; así que muchas de las jugadas que platicábamos en clase eran nuestras propias jugadas, las que hacíamos en el frontón, en las pequeñas porterías de los costados del campo, en el “chiquero” (un espacio de 6x3 de pura tierra con un árbol como portería)... nuestras jugadas quedaban en sueños. Omar siempre se metía en problemas, digamos que a pesar de su excelente bondad como persona, en la cancha seguía la filosofía de Don Isaac Terrazas (“la bola o el jugador", los dos nunca); Ricardo era un excelente atleta, pero nunca se llevó con los fresitas, siempre le cayeron mal, por sus gustos musicales sobre todo; escuchar canciones de Mónica Naranjo en el Alebrije o el Kokopelli no era algo que pudiera ganarle a jugar Winning Eleven después de jugar una cáscara de 3 horas en casa de Luciano, otro excelente atleta que no aguantaba a los fresas que hacían los equipos y prefería junto con nosotros echar el palomazo, los tiros y las partidas de Nintendo 64. 

Estábamos los demás, los que no sabíamos nada pero queríamos mostrarnos. En la clase de deportes para hacer los equipos del torneo de verano fuimos excluidos, esta vez éramos casi 22, sin contar a Luciano, Ricardo y Omar quienes ya estaban siendo fichados a cambio de lo que se utilizaba en aquellos años para fichar a un jugador: tortas, chipotles Barcel -los chipotles Barcel costaban 50 centavos, lo que lo hacían algo posible de comprar todos los días-, tarjetas de Playboy, los cigarros no entraban aún, los que fumaban no jugaban.

Y me quejé, ante ese hijo de puta llamado profesor de deportes quien 7 años antes y yo teniendo 7 años me dijo “no sirves, mejor vete” y que me hizo llorar por una semana después de las pruebas de los entrenamientos de la escuela. Éramos 2 equipos completos que teníamos el derecho de pagar nuestra cuota y ponernos nuestra casaca Galgo fluorescente, perder por golizas sin ser molestados, saber que lo dejamos todo en la grama. 

Fui con el director, en el recreo Ricardo me dijo “ya mande a la verga a esos pendejos”. Luciano acababa de pelearse con uno de aquellos y estaba igual, después llegó Santiago, el Carmona; el profesor de deportes se tuvo que tragar sus palabras. Todos se morían de risa, el primer equipo de los torneos que no representaba a ningún grupo escolar en especifico había nacido. La Real Sociedad Independiente. Diseñamos playeras, al final el maestro se hizo de la vista gorda y nos puso 2ndo naik. Todos se reían, y más se rieron en nuestros partidos, perdimos 6-0 contra 2ndo G , 8-0 contra 3ro B, 7-0 contra 2ndo B. Era frustrante, el Aramburu, un aguerrido defensa y Omar terminaron varías veces a golpes, derrotados.

Un día, 3 jugadores claves del 2ndo G. (de esos pinches malandros que sacan 10 en todo pero que los vuelves a ver hoy en día y están dados al catre) tuvieron que salir de la escuela para una prueba de inglés, a base de pases filtrados y jugadas de primer toque con la fuerza y puntería de nuestra delantera anotamos 3 y nos anotaron 2, ese día me cambiaron a la delantera, el segundo gol de ellos había sido un autogol mío, creían que era mejor ponerme en un lugar en donde mis errores no costaran tanto. Fue un lunes, por que en el último despeje mi zapato se despegó de la suela y tuve que caminar sin ella todo el día, acompañado de mi mejor amiga, quien nunca me vio jugar por que era alérgica al pasto.

Ganamos todo el resto de la temporada regular, jugamos repechaje con los mejores de primero, ganamos, ellos jugaron la final contra el mejor 6to de primaria y perdieron, ese equipo tenía muchas expectativas pero no pudo. Después un tercero -3ro B me parece-, partido en la mañana, jueves, despejado, de esos días post lluvia de los que se expresaba Velasco en sus pinturas que hoy en día ya no existen, un sol quemante sobre el césped, en una jugada de tiro de esquina, todos adentro, Ricardo saca con los puños pero la pelota queda maltrecha en el piso, detenida por un charco le doy un golpecito, acomodo mi cuerpo más adelante, reviento con todas mis fuerzas, el Manuel (que entro de último fichaje) se lleva al portero con facilidad, gol, se acaba el partido, estamos dentro de los mejores 4, no teníamos plan para el viernes, no teníamos novias, no teníamos los últimos Air Jordan ni los tiempo 2000, nuestros papás nos hacían trabajarle para sacar para los domingos y con tanto fervor nuestras calificaciones eran malísimas, pero ese equipo hecho de los que nunca iban a jugar por malos, gordos y enquencles ñoños estaba dentro de los mejores 4 de toda la secundaria.

José María Velasco, "Valle de México", 1877
Óleo sobre tela. 160 × 229 cm., Museo Nacional de Arte, México.

Semifinales: 2ndo B.

Ese día mi padre con poco gusto iba a recibir mi boleta, 6 materias reprobadas -4 de ellas con menos de 3 de calificación-, ¡Que horrible sensación! a sacarlo todo en la cancha, recuerdo que el partido lo hicieron Omar y Santiago, quienes habían estado desde el principio. Esta vez mi mejor amiga se fue por un atajo evitando cualquier pedazo de pasto que le causara alergia. 2 a 2, penales.

Sabía que todo esto había sido mi idea, pero por lo mismo, sabía que no debía tirar, Ricardo para la última, Santiago tira fuerte, raso, colocado... Estamos en la final. Santiago se abalanzó sobre mí y me sangró mucho la nariz, hasta mi mejor amiga se metió al festejo aunque después perdí mi clase por llevarla a la enfermería para que le dieran un anti estamínico. Me compró unas Ruffles de queso saliendo.

La final: 2ndo G ( el derby del salón).

Casi todos del mismo salón: 2ndo naik vs, 2ndo G, todos en silencio. El primer tiempo en el recreo del lunes, el segundo el martes. El primer día, uno de los nuestros que venía de primero fue expulsado de la escuela, de la misma forma otro de los que nos apoyaba en la delantera fue llamado a jugar contra nosotros, no había cambio, anotamos primero; empataron y así nos fuimos al segundo tiempo. En el segundo tiempo un gol tempranero nos ponía en desventaja, luego un error en la defensa y cayó el tercero, justo cuando estábamos a punto de deseperarnos entre nosotros salio el balón por el costado, se suponía que yo debería de hacer bulto y nada más, pero empecé con todo y nervios a llevarme el balón, me lleve a tres defensas y quedé a 25-30 grados del ángulo del portero, quien se venció, el disparo salió y la pelota rodó en el aire como si una imaginaria manguera de bomberos la dirigiera hacia el ángulo contrario, desprovisto de enemigos, solo éramos yo, el efecto Coriolis que me preguntaron en el examen de geo que reprobé, la ley de Newton que nunca me aprendí, y el sueño, ese sueño con el que jugaba en la alfombra de la sala de mi casa… Pero rozó, se salió, botó y cayó hacia la alberca que se encontraba abajo, bajé las escaleras con unos tacos le coq sportif que me había prestado mi papá, estaba a punto de sonar la campana, tomé con rapidez la red y saqué la pelota, la avente y subí corriendo, apenas viendo a mis compañeros sonó la campana y el silbatazo final estaba consumado, perdimos.

Había quedado de ayudarle a Dulce Carolina, mi mejor amiga, para que estudiara historia conmigo esa tarde. Poco a poco sus bromas y su arte para decir cosas chistosas sin sentido (algo que he aprendido a perfeccionar con el paso del tiempo), escuchamos a Blur, a los Mosh, a los Beastie y su canción “time for livin”; y no hablamos del tema. El siguiente lunes, enfrente de toda la escuela, recibimos nuestro trofeo, hubo exámenes, salí rápido y de mi mochila saque un balón penalty de la Copa America de Bolivia 97 que me había robado de la dirección. Los de 2ndo g se acercaron, querían hacer la reta, no los dejamos. En cambio Neris, ñoños, feos y gordos jugamos toda la hora restante. Recordamos jugadas y comimos una torta de col con queso y una mini rebanada de jamón. La sonrisa era de plata, nuestros corazones de oro.

Muchos años han pasado, Dulce Carolina se fue antes de tiempo (pero se que desde arriba me ve y me cuida), mi pandilla sigue siendo mi pandilla, algunos se han ido y regresado, pero siempre que nos vemos el tiempo se detiene. Voy a tocar en el mismo festival que Blur y mi equipo ahora tiene una estrella (cuando entonces solo veía puntos porcentuales del descenso). Podré cambiar, seguir y transformarme, pero siempre que me encuentro a punto de hacer algo importante, me acuerdo de aquello: impalpable, intangible, la basurita en ojo, la razón por la que nadie se convierte en alguien, el esfuerzo, sacrificio y camaradería de la Real Sociedad Independiente o 2ndo Naik. Siempre recordaré el sudor y la sangre, por que como diría el más grande de los caudillos: Prefiero morir de pie, que vivir de rodillas.

¡Qué afortunado me siento con la vida de poder recordar esto!

Excelente día a todos, puño en alto, consciencia tranquila.

Antonio Tranquilino

lunes, 24 de diciembre de 2012

Especial de Navidad: tu primera vez en el estadio

A manera de celebración, decidimos abrir un espacio en nuestro blog para que ustedes lo construyeran, compartiéndonos cómo fue la primera vez que ustedes acudieron a un estadio de fútbol. Por lo general es una experiencia única, emocionante y que marca en lo sucesivo la pasión por el juego e incluso por algunos colores. A continuación les presentamos las mejores 10 anécdotas que recibimos. ¡Gracias a todos por participar, y felices fiestas para todos!

J. F. Santoyo: Tendría yo 5 años cuando fui por primera vez al estadio; mi papá solía ponerse a ver conmigo el fut desde muy chico, y yo le decía que quería ir a un partido como los de la tele. Fue un sábado en la noche en el Estadio Azteca, en 1989, cuando Cruz Azul aún era local ahí, ante el cuadro de Correcaminos. No recuerdo mucho, a decir verdad, son más bien borrosos los flashazos de aquella vez: me asombró el tamaño del estadio y la cantidad de autobuses estacionados, no comprendí en ese momento porqué la gente abucheaba a los jugadores de naranja, porqué mi papá se la pasaba insultando al entrenador local (Mario Velarde, q.e.p.d.) ni tampoco por qué se enojaron cuando uno de los jugadores de Correcaminos (René Mendieta) metió 2 goles con los que la UAT ganó. No sería sino hasta tiempo después cuando entendí muchas cosas que en aquel momento pasaba por alto, y ahora es un recuerdo que atesoro con mucho cariño, aun cuando no me volví aficionado ni de la máquina ni del "corre".

Enrique Guerrero: A mí de niño nunca me llamó la atención el fútbol, lo jugaba pero casi nunca lo veía. sin embargo, un día unos tíos me invitaron a un partido, y acepté ir. El encuentro fue en el estadio Azteca: era la final entre el Necaxa y el Celaya. Ver al Azteca abarrotado, con miles de banderas, con todas las porras cantando y con jugadores como Aspe, Herrera, Zárate; Butrageño, Tiba y Zambrano en la cancha descubrí la belleza del juego. Encima me tocó ver premiación y entrega de trofeo, pues aún más me gustó el asunto. Con el tiempo la corrupción y las trampas me han alejado de nuevo, pero gracias a esa primera visita a un estadio puedo decir que si de algún equipo me puedo llamar "fan", es de los Rayos.

Francisco Santoyo V.: Yo creo que fue en 1961, cuando en Morelia ni siquiera había estadios con cemento; eran aún de madera, con vigas como tribuna (no recuerdo ahorita el nombre). Fue un partido contra el "campeonísimo" Chivas, y recuerdo que desde ahí quise mucho a los Canarios y detesté al Rebaño: si bien se dice mucho que el América fue un equipo beneficiado por los árbitros, muchos que vivimos la época nos consta que las "Chivas" imparables también lo eran por decreto federativo: un disparo que iba a gol por parte de los locales fue sacado con las manos de manera flagrante por "Chava" Reyes, y el árbitro no marcó nada; lo mismo con otro disparo que el "Bigotón" Jasso sacó aventándose como portero. Desde entonces el fútbol mexicano estaba ya muy corrupto.

Javier Martínez M.: Mi primer partido fue en C.U., en 1992 (creo), fue un partido en el que Pumas empató con Atlas. No recuerdo bien mucho del encuentro, estaba muy pequeño (tendría 4, 5 años) pero sí se que ese día debutó el que después sería mi portero favorito y héroe: Oswaldo Sánchez. Soy Puma, pero siempre he admirado a "San Oswaldo" y he seguido muy de cerca su carrera, y todo gracias a esa primera vez en el palomar de Ciudad Universitaria.

Emma Ortega: Yo no voy a mentir: mi primer partido fue ahora en la última liguilla, en la que Chivas cayó en casa con Toluca 1-2. Yo no tengo equipo como tal (me caen bien los Pumas, pero tampoco los sigo mucho) y por eso, como iba con mi novio (y él es Chiva) decidí apoyar al Toluca, pero no me gustó como juegan. A mi novio no le pareció divertido al principio, pero ya después tuvo que soportar mis bromas :)

Julián González: Mi primer partido fue el Neza 86, en un encuentro que ganó Neza 2-1 a Morelia en el Verano 1998. No soy de ahí, pero visitábamos a unos tíos, y aprovechamos para ir a ver al Morelia, equipo de mis simpatías pero que nunca había podido ver en vivo. Fue triste que perdieran pero al mismo tiempo sentí cierta simpatía por los Toros (me tocó ver de frente un planchazo de Miguel Herrera sobre Daniel Deeke que el árbitro sólo marcó como falta), y me sentí muy triste cuando descendieron.

Baruc Hernández: Mi primera vez en un estadio fue un partido de la Selección, cuando empatamos a 3 con Costa Rica. Estaba aún "Bora" y recuerdo que, como ya habíamos calificado al mundial del 98, los boletos tenían mensajes de agradecimiento para la afición. Ese partido comenzó muy bien para México, pero increíblemente nos empató a 3 el cuadro tico, el último un golazo de Jafet Soto que Oswaldo Sánchez midió mal (yo estaba detrás de esa portería), y aunque me dolió que le empataran a México, ese fue un golazo que me emocionó y la fecha recuerdo con claridad.

José Javier García: ¿Mi primer partido? Cruz Azul 3-0 River Plate en el Estadio Azteca. Yo le voy a Santos, pero como casi todos los mexicanos adoptamos la playera celeste en esa gran Copa Libertadores que tuvieron. Yo era de los que en los goles les aventé de todo a la porra del América que apoyaba a los argentinos, y aunque nunca me he considerado villamelón, grité como pocas veces los goles de otro equipo que no son mis guerreros.

Alex Morales Osuna: Mi primer partido fue uno entre Gremio y América en 1998, la primera vez que equipos mexicanos jugaron una Copa Libertadores. Esa vez las águilas perdieron 2-1 pero me gustó el equipo y la forma de jugar, por lo que a la fecha son americanista de hueso colorado. Lo único que no me gustó es que de arriba alguien me aventó un refresco y pasé los últimos 10 minutos empapado y apestando a soda, pero bueno, es parte del folklor en las tribunas.

Marisol Nuñez: Como viví mucho tiempo en una ciudad que no tiene fut (Oaxaca), yo hasta hace poco fui al estadio, y fue el partido en el que Tecos se despidió de la Primera División, empatando a 1 con los Gallos de Querétaro. Como iba con mi -entonces- novio, me la pasé jugando con él, escondiéndole su cerveza y apoyando a Gallos (su papá fue maestro de la UAG, por eso él le va a los Estudiantes), aunque al final si fue triste verlo casi con lágrimas, pues como me dijo "no se si algún día vayan a regresar". Al final me regalaron una playera de Tecos en uno de los stands de publicidad, y la tengo guardada con otros regalos a los que les tengo cariño y me traen buenos recuerdos.